top of page

La ESMA en Buenos Aires: visita a un lugar emblemático de la dictadura argentina de 1976-1983

  • Foto del escritor: Blogoculaire
    Blogoculaire
  • 24 mar
  • 11 Min. de lectura

Actualizado: 27 mar

Con motivo del triste 50.º aniversario del golpe militar en Argentina, el 24 de marzo de 1976, repasamos en texto e imágenes la ESMA (Escuela Superior de Mecánica de la Marina), uno de los 700 centros clandestinos de detención activos durante la dictadura en Argentina y, sin duda, el que mejor simboliza las atrocidades cometidas durante ese período de terrorismo de Estado.



Introducción: tras las rejas, el horror

En 1976, tres generales que representaban a los tres cuerpos del ejército —Jorge Rafael Videla (Ejército de Tierra), Emilio Massera (Armada) y Orlando Agosti (Fuerza Aérea)- tomaron el poder y derrocaron a Isabel Perón, que había asumido la presidencia tras la muerte de su marido, Juan Perón, en 1974. Este golpe de Estado, bautizado como «Proceso de Reorganización Nacional», marca el fin del Estado de derecho y el inicio de una dictadura militar - la sexta desde 1930 en Argentina y, con diferencia, la más brutal..


Secuestros, retenciones, torturas y asesinatos se ceban contra decenas de miles de opositores, a menudo jóvenes militantes, en particular de los Montoneros u otros movimientos de izquierda.


Entre 1976 y 1983, de los 30 000 desaparecidos estimados, unos 5 000 habrían pasado por la ESMA. La mayoría sigue desaparecida a día de hoy. Muchos fueron arrojados al Río de la Plata durante los «vuelos de la muerte», tras haber sido torturados y drogados. La última víctima salió del centro en diciembre de 1983, una semana antes de la llegada al poder de Raúl Alfonsín y el retorno a la democracia. Un modelo de avión utilizado para estas operaciones se puede ver hoy en día en el jardín del recinto de la ESMA a modo de prueba forense.

 

Detrás de las rejas de la ESMA, en la avenida Libertador, en pleno corazón del elegante barrio de Palermo, en el centro de Buenos Aires, el aspecto tranquilo de este recinto de 17 hectáreas, con su bonito jardín, contrasta violentamente con lo que ocurría en su interior.


Hoy en día, las pancartas colgadas en las rejas recuerdan lo que fue este lugar y alertan sobre las amenazas actuales que pesan sobre su conservación. Y el Casino de Oficiales, epicentro de la represión, alberga ahora el Museo-Sitio de la Memoria, con una excelente exposición permanente basada en testimonios y archivos que no hay que perderse, y que tuve la oportunidad de visitar en enero de 2025.



Al entrar en el recinto del Casino, escenario central de las atrocidades, se percibe de inmediato un ambiente opresivo y agobiante al recorrer esos espacios estrechos, cargados de una gran carga emocional.


Divide y vencerás: un mecanismo de desaparición organizada

En la ESMA, la violencia era metódica, organizada y jerarquizada.


Cada espacio tenía una función precisa, y los presos eran clasificados según su estatus, con condiciones de reclusión diferenciadas: un sistema diseñado para instaurar la desconfianza y la división.


El sótano, apodado cínicamente «avenida de la felicidad», estaba dedicado al secuestro. En el ático, la Capucha y la Capuchita constituían los espacios más duros: allí los detenidos yacían tumbados, con los ojos vendados, maniatados de manos y pies, en compartimentos de unos 2 metros por 80 cm, separados unos de otros.


En la Capuchita, los sonidos llegaban desde el exterior, y fue gracias a ellos (los aviones que se dirigían al Aeroparque, los coches de la avenida Libertador y los partidos de fútbol del cercano estadio de River) que los detenidos encapuchados supieron que estaban recluidos en la ESMA.


Las salas de tortura, llamadas «quirófano», coexistían con la Pecera, un espacio de trabajos forzados donde algunos prisioneros que formaban parte del «proceso de recuperación» realizaban diversas actividades - manuales o intelectuales - impuestas por sus verdugos, bajo vigilancia constante.


 

El «proceso de recuperación»: la manipulación y la perversidad llevadas al extremo


La ESMA se distingue, en efecto, por el «proceso de recuperación», una estrategia destinada a intentar encauzar a ciertos detenidos e inculcarles los valores defendidos por la dictadura, obligándolos a trabajar para mejorar la imagen de Argentina fuera del país, uno de los deseos de Massera.


Seleccionados por sus competencias y su nivel intelectual, a menudo superior a la media, este «mini staff» (como los llamaban los torturadores) se veía obligado, por ejemplo, a ejercer de fontaneros, traductores, analistas, periodistas, fotógrafos o falsificadores. O a «servir» como esclavas sexuales para algunas mujeres, que a menudo eran violadas de forma sistemática - y sistémica. Dado que el horror y la perversión no tenían límites, a veces se veían obligadas a acompañar a sus torturadores en salidas sociales a restaurantes y discotecas de la vida civil, en «libertad», maquilladas y con bonitos vestidos y perfumes ofrecidos para la ocasión. Sin poder, por supuesto, revelar a nadie el suplicio que soportaban, a riesgo de ser eliminadas. Lo que despertaba los celos de las demás prisioneras.


Según la historiadora Marina Franco, este sistema tenía como objetivo generar sumisión a través de la dependencia y la ambigüedad moral.


Como si explotar sus competencias no bastaria, los militares también «se apropiaban» de sus bienes - muebles e inmuebles - que a menudo se revendían posteriormente mediante documentos falsos, redactados en la mayoría de los casos por los falsificadores de ese mismo «mini-equipo», gracias a una estructura inmobiliaria creada para la ocasión.


Salir vivo de la ESMA (para los afortunados) no significaba solo felicidad y liberación. Los supervivientes se enfrentaban así a la sospecha, incluso por parte de otras víctimas: «Por algo habrán sobrevivido» (seguro que hay una razón por la que han sobrevivido).


Se decía que necesariamente habían traicionado para salir adelante. Si no, ¿por qué habrían sobrevivido?


El sistema se había diseñado precisamente para eso: confundir los puntos de referencia, crear dependencia y fragmentar las relaciones humanas.


Dos desapariciones de ciudadanas francesas y un denunciante sacan a la luz la ESMA


Durante mucho tiempo, lo que ocurría en la ESMA pasó prácticamente desapercibido, tanto dentro como fuera del país.


La desaparición, en diciembre de 1977, de las religiosas francesas Alice Domon y Léonie Duquet marca un punto de inflexión. Comprometidas con las Madres de Plaza de Mayo, fueron presuntamente secuestradas por un comando infiltrado, detenidas en la ESMA, torturadas y posteriormente asesinadas en un vuelo de la muerte (según los testimonios).


Este caso se convierte progresivamente en una crisis diplomática.


En 1978, el superviviente Horacio Domingo Maggio logra transmitir a Amnistía Internacional y a las embajadas estadounidense y francesa información detallada sobre el centro, acompañada de planos. Considerados en un principio poco creíbles, sus testimonios serán confirmados en 1979 por otros supervivientes ante la Asamblea Nacional francesa.


A medida que aumentaban las sospechas, la ESMA redujo sus actividades y destruyó documentos.


También se modificaron algunos elementos de su arquitectura : escaleras reubicadas, pasillos transformados, para restar credibilidad a los testimonios de las supervivientes. Fueron, sobre todo, las fotografías clandestinas tomadas por antiguas reclusas las que permitieron reconstruir algunos espacios.


Otro episodio destacado: durante el Mundial de 1978, celebrado en Argentina en plena dictadura, un recluso, Raúl Cubas, fue enviado a entrevistar al seleccionador argentino César Luis Menotti con una acreditación falsa. A solas con él, renunció a revelar su situación, por temor a que fuera cercano al régimen: una oportunidad perdida para revelar antes los crímenes.



Del Centro Piloto a los métodos aplicados durante la guerra de Argelia: los turbios vínculos entre Francia y Argentina…


Por otra parte, el Centro Piloto, instalado en París en 1977 en el seno de la cancillería argentina, sigue siendo bastante desconocido, pero se trataría de una especie de «dictadura fuera de las murallas»…


Su misión principal: librar una guerra de (des)información para mejorar la imagen internacional de la dictadura argentina, precisamente cuando la represión está en pleno apogeo desde 1976. Ante la multiplicación de los testimonios de desapariciones y torturas - que comienzan a generar tensiones diplomáticas en Europa - el Centro Piloto se convierte en una herramienta estratégica de propaganda, pero también de vigilancia.


Agentes se infiltran en las redes de exiliados y en las organizaciones de defensa de los derechos humanos, a veces bajo identidades falsas. Algunos testimonios mencionan también operaciones clandestinas llevadas a cabo desde París, vinculadas en particular al almirante Massera.


Por otra parte, ya en los años 50 y 60, misiones militares francesas transmitieron a América Latina las técnicas de «guerra revolucionaria» desarrolladas contra el FLN: rastreo urbano, desapariciones forzadas, tortura sistemática y guerra psicológica.


Este modelo, probado en Argelia, se convierte en un referente para las dictaduras sudamericanas durante la Guerra Fría.


La desaparición forzada, es decir, hacer desaparecer el cadáver para negar el crimen, se convierte así en una tecnología política exportada que alcanza en la ESMA un grado de industrialización sin precedentes.


Y esto fue posible, en particular, gracias a los vuelos de la muerte. Pero también por el entierro de los cuerpos de las víctimas en fosas comunes que aún hoy se siguen descubriendo, en los mismos lugares donde se practicaban las torturas o en zonas de cementerios cercanas a esos lugares (como muestra, por ejemplo, el documental Los fusilados del Racing).


Sin cadáveres, no hay muerte, y no hay culpables: impunidad garantizada para los torturadores y ausencia de acciones legales. Tampoco hay duelo para los familiares: una doble pena para las víctimas.


 

Nacimientos robados y la lucha de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo


La ESMA fue también un lugar clave en el plan de apropiación de niños. Allí, las mujeres embarazadas daban a luz en secreto en una sala habilitada en la planta superior, antes de que les arrebataran a sus bebés. No les bastaba con torturar y asesinar a los presos políticos : los militares robaron así a varios cientos de bebés nacidos en cautiverio, entre ellos, varias decenas en la ESMA, para darlos en adopción, en la mayoría de los casos, a familias de militares o policías. Algunas detenidas de la ESMA lograron transmitir información crucial, lo que más tarde permitió a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo identificar a una parte de esos niños.


Las Madres de Plaza de Mayo, y más tarde las Abuelas de Plaza de Mayo - madres y abuelas de desaparecidos - fundaron en 1977 un movimiento emblemático, que toma su nombre de la plaza situada frente a la Casa Rosada (la sede del gobierno argentino). Desde el 30 de abril de 1977, cada jueves dan vueltas sin descanso alrededor de la Pirámide de Mayo, en la Plaza de Mayo (la plaza donde se encuentra la Casa Rosada), en Buenos Aires, recitando uno a uno los nombres de los desaparecidos, a lo que la multitud responde «Presente», para que su memoria perdure. En aquella época, marchaban en grupos de tres como máximo, eludiendo la prohibición impuesta por los militares de manifestarse (y de reunirse en grupos de cuatro o más personas). Su rasgo distintivo: un pañuelo blanco en el pelo, que simboliza el pañal de su hijo o nieto desaparecido. Con el paso de los años, otras asociaciones de defensa de los derechos humanos se han unido a ellas para dar continuidad a las luchas en curso, ya que las fundadoras de este movimiento mundialmente conocido fueron asesinadas por los militares en la ESMA.


Gracias a su movilización y a los avances científicos, en particular el desarrollo de un índice de gran maternidad que permite establecer un vínculo de parentesco a pesar de la ausencia de una generación desaparecida, más de 140 niños han reencontrado a su familia biológica. Entre estos reencuentros, el de Leonardo Fossati, nieto de Estela de Carlotto, presidenta del movimiento, encarna este vínculo recuperado entre el pasado y el presente. Hoy en día está muy comprometido con la asociación, y aún queda un largo camino por recorrer para encontrar a los cerca de 300 niños nacidos durante la dictadura que siguen viviendo sin conocer sus verdaderos orígenes.


Hoy más que nunca, su labor sigue siendo esencial, y sin embargo se ve amenazada. Privadas de financiación pública y objeto de ataques negacionistas por parte del Gobierno de Milei, que pretende reescribir la historia, continúan su lucha con la misma determinación. Recientemente han lanzado una campaña de recaudación de fondos para poder seguir con sus investigaciones. No duden en ayudarles si pueden haciendo clic aqui



 

Memoria, Verdad, Justicia: que la memoria perdure

En la década de 1990, un proyecto del presidente Menem proponía demoler la ESMA para convertirla en un «parque de la reconciliación nacional». Afortunadamente, la movilización de las organizaciones de derechos humanos (entre ellas, por supuesto, el colectivo de las Madres y Abuelas de la Plaza de Mayo) impidió su destrucción.


En 1995 se publicó el libro «El vuelo», de Horacio Verbitsky, que narra en primera persona los vuelos de la muerte. Se organizaron manifestaciones frente a la puerta de la ESMA, que en aquella época seguía siendo una escuela de la Marina…


En 2004, el presidente peronista Néstor Kirchner transformó finalmente el lugar en un espacio de memoria. Los supervivientes regresaron allí por primera vez. No fue hasta 2015 cuando el museo abrió sus puertas.


Cabe señalar, por otra parte, que también fue gracias a Néstor Kirchner que los culpables de la dictadura pudieron finalmente ser juzgados de nuevo y condenados: tras el histórico juicio a las juntas en 1985 y el famoso informe oficial «Nunca Más», publicado en 1984 por la comisión argentina de investigación sobre las desapariciones forzadas, la CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas), que condenó a los principales responsables a cadena perpetua, los procesos judiciales se vieron rápidamente interrumpidos por las leyes de amnistía y, posteriormente, por los indultos presidenciales concedidos por Carlos Menem a finales de los años 80 y principios de los 90, lo que supuso la puesta en libertad de numerosos condenados, entre ellos los principales dirigentes de la junta, como Jorge Videla o Emilio Massera, y dio lugar a un largo período de impunidad.


Su anulación a principios de la década de 2000 por parte de Kirchner permitió finalmente la reanudación de los juicios, lo que dio lugar a más de 1200 condenas, mientras que muchos casos siguen aún en curso hoy en día… pero ¿hasta cuándo?


Hoy en día, la ESMA es un espacio de memoria y fue declarada Patrimonio Mundial de la UNESCO en 2023. Pero la memoria sigue siendo frágil y el negacionismo y el revisionismo de Milei y sus secuaces siguen amenazando la transmisión de ese pasado. La Asociación de Abuelas de Plaza de Mayo, la ESMA y la Secretaría Argentina de Derechos Humanos, que sin embargo realizan una labor de memoria increíble, han sufrido de parte de Milei y su masacre con motosierra de los derechos humanos un recorte drástico de su financiación.


Ahora más que nunca, es fundamental mantener vivo el recuerdo de los 30 000 desaparecidos estimados y de los cientos de miles de vidas destrozadas. ¡Nunca más!



Museo-Sitio de la Memoria ESMA: Avenida del Libertador 8151/8571 - Ciudad de Buenos Aires, de miércoles a sábado de 10:00 a 17:00. Visitas guiadas los sábados de 11:00 a 14:00. Entrada gratuita. Audioguías disponibles en francés, inglés, español y portugués.

 

Para profundizar el tema de la ESMA en Buenos Aires y la dictadura argentina


Películas y documentales:

Argentina, 1985 (2023) : película de ficción que narra los juicios de 1985 y la historia del abogado que los dirigió

Kamchatka (2002) : la dictadura vista a través de los ojos de un niño, una película conmovedora

El Juicio (2023) : documental con imágenes de archivo del juicio de 1985

Rojo (2018) : thriller ambientado unos meses antes de la llegada de Videla al poder

El Secreto de Sus Ojos (Dans ses yeux) (2009) : thriller policíaco con el trasfondo de la posdictadura

La historia oficial (1985) : un clásico del cine argentino, sobre los niños robados durante la dictadura

Azor (2021) : un thriller con clase ambientado en la dictadura militar

Les fusillés du Racing (2023) : documental de investigación sobre el caso de seis personas fusiladas frente al estadio del Racing en 1977


Para los hispanohablantes, hay numerosas películas sobre esta temática (entre ellas varias de las citadas anteriormente) disponibles en la excelente plataforma española Filmin:

Libros

  • «Crímenes contra la humanidad en la ESMA», de Claudia Feld y Marina Franco

  • La llamada, de Leila Guerriero


Artículos

ESP


FR


 
 
 

Comentarios


Blogoculaire, blog voyageur de photos de rue & d'histoires colorées et décalées

  • Instagram
  • Spotify Icône sociale
bottom of page